Las bandas toman la ópera

El Palau de les Arts abre sus puertas a las sociedades musicales valencianas.

Las bandas de música tomaron ayer el edificio de la ópera de Valencia. Y lo hicieron para quedarse. La Banda Simfònica d’Algemesí y la Agrupación Musical Santa Cecilia de Ador abrieron el ciclo titulado Les bandes a les Arts, en el que participarán un total de 22 agrupaciones distribuidas en 11 conciertos a precios populares (la entrada cuesta tres euros).
Este concierto es una reivindicación de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana hecha realidad, que desde que se inauguró el Palau de les Arts hace seis años había reclamado que las bandas tuviesen su espacio en el emblemático edificio.
“Esta es una jornada histórica para el colectivo”, aseguró Josep Francesc Almeria, presidente de la federación de bandas de música. “Las sociedades musicales demostrarán con su calidad que este proyecto debería haber comenzado mucho antes”, explicó Almeria, que añadió: “Hay aspectos mejorables en el diseño del ciclo, que esperamos que se aborden en beneficio de todos, para lo que nos ponemos a disposición de la Consejería de Gobernación”.
El concierto de ayer es el primero que las bandas de música ofrecen en este coliseo, si se exceptúa el repertorio que ofrecieron en la sesión inaugural las bandas municipales de Castellón y Valencia el pasado 24 de marzo.
El repertorio que ayer sonó en el palacio de la ópera de Valencia fue variado, pero sobre todo incluyó temas valencianos dirigidos por Ramon García —en el caso de la banda de Ador— y Alberto Ferrer, que dirigió la agrupación de Algemesí, también la primera banda que actuó en el certamen de Valencia de 1866.
Los aficionados de este municipio de La Ribera Alta y del de La Safor se movilizaron ayer para escuchar a sus bandas tocar por primera vez en la historia en el escenario del Palau de les Arts. La Federación de Sociedades Musicales agrupa a un total de 537 bandas de las tres provincias con un total de 40.000 músicos y 60.000 alumnos y más de 200.000 socios que constituyen el principal agente cultural valenciano.

El Liceo exhibe su alma

Los trabajadores del coliseo lírico llenan de ópera la Rambla con su concierto reivindicativo.

Cientos de transeúntes han seguido el mediodía de este domingo desde una pantalla gigante en La Rambla el concierto extraordinario L’ànima del Liceu, organizado por los trabajadores del coliseo lírico barcelonés para agradecer las muestras de apoyo y afecto que han recibido en los momentos críticos por los que han pasando y aseguran siguen pasando pese a que la dirección del teatro retiró el expediente de regulación de empleo (ERE) temporal el pasado 22 de febrero. El concierto, en el que han participado desinteresadamente todos los solistas y los tres directores musicales que ha tenido el Liceo desde su reapertura tras el incendio en 1999, Bertrand de Billy, Sebastian Weigle y Michael Boder y quien sustituirá a este último en septiembre, Josep Pons.
Por el concierto, seguido en la calle con atención por numerosos transeúntes y turistas desde las terrazas de las cafeterías y bares, han ido desfilando a lo largo de tres horas los ocho solistas anunciados en el programa oficial –las sopranos Ainhoa Arteta, Cristina Obregón y Linda Watson, las mezzosopranos Karine Deshayes e Ildikó Komlósi, el tenor Roberto Alagna y los barítono Carlos Álvarez y Joan Pons– y tres músicos más no anunciados el el programa oficial: el pianista chino Lang Lang al final de la primera parte, quien ha interpretado el estudio de Liszt La campanella, y en la tanda de bises el pianista y compositor Albert Guinovart y el director de orquesta asistente del Liceo Guerassim Voronkov, quienes han interpretado un arreglo del propio Guinovart de un tango, y el director del coro del Liceo, José Luis Baso, quien se ha puesto al frente de la orquesta, el coro, los ocho solistas y los cuatro directores de orquesta para interpretar a modo de colofón de la velada el célebre ¡Aleluya! del El Mesías de Händel.
Acogido calurosamente por el público que llenaba el teatro, que agotó en tres horas las más de 2.000 localidades puestas a la venta el pasado 10 de abril al precio único de 15 euros, el concierto ha sido seguido con atención por el numeroso público que se ha congregado en medio de La Rambla a escasos metros del Liceo donde se ha colocado la pantalla de 3,5 x 2,5 cuyo coste, 9.000 euros, ha sido pagada con patrocinio privado que se ha encargado de buscar la Fundación Grup Set, presidida por Adela Subirana e integrada por mujeres empresarias.
El cierre del tráfico de la popular avenida a las 12.40  para evitar algún viandante acabara atropellado al invadir la calzada cuando transitaban a la altura donde estaba la pantalla ha posibilitado escuchar con detalle las interpretaciones que en la primera media hora del concierto apenas eran audibles, salvo los forte, por el intenso ruido del tráfico de La Rambla.
Arias de Verdi, Puccini, Wagner, Rossini, Bizet, Alban Berg, Pablo Luna y Karl Goldmark se han alternando con fragmentos corales y oberturas de ópera en un concierto en el que los trabajadores del teatro, representados en el escenario por los músicos del coro y la orquesta, han exhibido su orgullo de pertenecer a un teatro, el Liceo, del que reivindicar ser el alma.

Mil voces solidarias en una

El Palau de les Arts y la Federació de Cors organizan un concierto solidario a beneficio del Conservatorio de Lorca.

El Palau de les Arts y la Federació de Cors de la Comunitat Valenciana han puesto sus recursos al servicio del Conservatorio Narciso Yepes de Lorca, que sufrió serios daños a consecuencia de los terremotos que se produjeron en la población murciana en mayo del año pasado. El próximo sábado, día 28, mil voces elevarán su canto en el Palau de les Arts para proclamar bien alto la solidaridad con el pueblo de Lorca y en especial con el personal y los estudiantes de su conservatorio de música.
En el concierto participan el coro de la Federación, el Modus Novus de Lorca y otros treinta coros de toda la Comunitat Valenciana, hasta sumar un millar de voces. En palabras del presidente de la federación coral, Manuel Pérez: “Se trata de ayudar a nuestros amigos de Lorca que después de un año del terremoto no han vuelto al conservatorio”.
Mil veus per Lorca presenta un programa multicolor, con música popular, contemporánea, religiosa, africana e incluso gospel, que concluirá con la interpretación conjunta de un pasaje de la Novena sinfonía de Antonin Dvorák, adaptado como La pau és el camí, y la romanza Canto a Murcia de La Parranda de Francisco Alonso. Las entradas tienen un precio único de 10 euros. Los interesados pueden adquirir sus localidades a través de los canales habituales. Asimismo, se ha habilitado una fila cero para que aquellas personas que deseen colaborar y no puedan asistir, realicen sus aportaciones en una cuenta corriente. Toda la información está en http://www.lesarts.com/. Los coros participantes proceden de Torrent, Villena, Vinaròs, La Canyada, L’Eliana,Valencia, Borriana, Castellò, Benicarló, Sant Vicent de Raspeig, la UNED, Dénia, Novelda, Ibi, Vilamarxant, Paterna, Massanassa, Mislata, Sueca, Tavernes de la Valldigna y Montcada.

Risas con rap y reggae

La Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz (FRAC) saca de gira sus rimas caústicas.

Risas con rap y reggae. Un desternillante cóctel que la FRAC (Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz) ofrece en su nueva gira por varias ciudades para presentar su quinto disco en cinco años: Reggae en el INEM. Si la definición políticamente incorrecta se creara hoy y en Andalucía, sus protagonistas serían estos músicos que hacen gala de un ingenio mordiente apenas visto en el escenario. La actualidad política y social es un carrusel sobre el que se recrean para disparar rimas ácidas en las que la ironía de ciertos cantautores se queda en pañales.
Los raperos presentan temas como Odio eterno al fútbol moderno o Los lunes dance hall, en el que revisan su amarga situación laboral para darle la vuelta y reírse de sí mismos con sana guasa gaditana. Sus próximas citas pasan por Jaén, Madrid, Almería y Palma del Río. El grupo es firme defensor de compartir contenidos y todos sus discos (todos) están en la Red para que sus seguidores se los descarguen. “Grabar, darlo gratis e intentar dar conciertos, que es donde hay que ganarse al público. Nuestras grabaciones valen, pero agradecemos los conciertos por encima de todo”, aclara el cantante Karim Aljende, que comparte micro con Antonio Pareja.
La cáustica arrasa con todo: políticos, sindicalistas, periodistas, estrellas del cine… son protagonistas de estrofas combinadas con ritmos raperos que a veces se trufan con ecos del carnaval, la otra pasión de la banda, que nunca formará parte de la directiva de la SGAE. “Ante todo somos aficionados al carnaval callejero y cada año sacamos algo en paralelo a la FRAC”, relata Aljende sobre su objetivo subversivo a través de la carcajada. Su propia e inusual definición sobre el género da pistas de lo insólito de su propuesta: “Canción popular melodramática / Dub /reggae”. En ella colaboran artistas vocales e instrumentales como Nieves Yeh Yeh, Emilio Flou o Vaporetto Sound.
Desde que nacieron en 2007, la FRAC acumula ya 50 temas. Su último álbum destripa la situación de desempleo que azota a la comunidad, con especial énfasis en la Bahía gaditana, epicentro de estas crisis cíclicas y al parecer sin remedio cercano. Y a pesar del sombrío panorama, las críticas siempre dejan hueco a las risas y a menudo a las carcajadas.

Xoel López, un poco más al desnudoxoel

El cantante participa el jueves en las ‘charlas canciones de efe eme’ de la sala Matisse de Valencia.

Hay poco que desmigar en el álbum de fotos musical de Xoel López. Desde que este joven gallego (A Coruña, 1977) emprendió su carrera con Deluxe, proyecto hecho a su imagen y semejanza que pasó en su cuarto disco del inglés al castellano, sus letras son hojas sueltas de un diario íntimo y, a la vez, universal. No se le puede negar, por tanto, que no vuelque desde sus entrañas las frases más tiernas y enrabietadas del pop español. Tampoco se le puede reprochar que no maneje una versátil mezcla de melodías, instrumentos y cadencias que apelan a una multiculturalidad por encima de exotismos.
Por eso, el autor de temas comoTendremos que esperar oReconstrucción acude al ciclo mensual de charlas de Efe eme en la sala Matisse de Valencia con un repertorio plagado de instantáneas. Un manojo de versos que ha fluctuado entre la estética más guitarrera y desenfadada de los primeros discos de Deluxe al sonido ecléctico de La Caravana Americana, un proyecto que le llevó durante meses a recorrer el continente americano compartiendo repertorio y escenarios con otros 20 músicos.
Mientras tanto, su pasión por la heterodoxia se ha compaginado con Lovely Luna, un lance emprendido junto a su amigo Félix Arias con el que han firmado dos discos. Del último, Chang y Eng, la webjenesaispop señalaba que “vuelven a firmar un disco despreocupado de las modas y del mundo exterior, en el que además cuentan buenas historias”.
Para más inri, esta semana ha presentado Atlántico bajo su nombre propio, sepultando la trayectoria con Deluxe pero recobrando la energía y la intimidad de sus letras. Para el que quiera embadurnarse un poco más de su persona, lo tendrá al desnudo el jueves a las 21 horas en la sala Matisse.

‘La vida breve’, en el 25º aniversario del Palau de la Música

La acústica del edificio lo ha convertido definitivamente en una de las mejores salas de conciertos del mundo.

El Palau de la Música se ha convertido, desde su construcción, en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Valencia. Inaugurado el 25 de abril de 1987, la acústica del edificio es considerada una de las mejores del mundo. José María de Paredes eligió la transparencia como medio para levantar esta obra, erigiendo una bóveda acristalada que corre paralela al cauce del Turia como elemento de acceso, sin obstaculizar su visualidad axial. La importancia del agua se traslada también al interior ya que los numerosos árboles que crecen le dan aspecto de invernadero, mientras la cascada de vidrio parece verter sobre el estanque diseñado por Ricardo Bofill, que se sitúa junto al Palau. En el interior del edificio encontramos cuatro salas: la sala sinfónica, que se denomina Sala José Iturbi y está preparada para albergar 1793 espectadores; la Sala Rodrigo tiene un aforo de 420 plazas; y las salas C y D. También debemos destacar la Sala de Exposiciones, que con sus más de 320 metros cuadrados es un magnífico escaparate de la cultura.
Para celebrar el aniversario el próximo miércoles 25 de abril, la Orquesta de Valencia, bajo la dirección de su titular Yaron Traub, protagonizará  un concierto conmemorativo, en cuyo programa figuran las mismas obras que se interpretaron en el concierto inaugural: de Manuel Palau se interpretará la Marcha burlesca, y de Joaquín Rodrigo el Concierto de Aranjuez, con la parte solista a cargo del guitarrista José María Gallardo del Rey, mientras que en la segunda parte se podrá escuchar la ópera La Vida Breve, de Manuel de Falla, en versión de concierto, que contará con la participación del Cor de la Generalitat Valenciana, y un reparto que encabezará la soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs en el papel de Salud, junto a la mezzosoprano Cristina Faus como Abuela, los tenores Vicente Ombuena como Paco y Gustavo Peña como Voz de la Fragua, y los barítonos Josep Miquel Ramón como Manuel y Alfredo García en el papel  de Tío Salvador. La cantaora Ginesa Ortega y la bailarina Nuria Pomares completan el reparto. Asimismo, tanto la Orquesta de Valencia como la Banda Municipal de Valencia, ambas con su sede en el Palau de la Música, interpretarán juntas el 28 de abril, por primera vez en su historia, un programa conmemorativo con obras de compositores valencianos.

El FIB prevé un 5% menos de asistencia que en 2011

La última edición concentró a 200.000 personas durante los cuatro días de conciertos.

Los organizadores del evento estiman un impacto económico de 21 millones de euros.

El Festival Internacional de Benicàssim (FIB) reducirá ligeramente la afluencia en su decimoctava edición. “Las ventas van bien, no tanto como el año pasado, pero sí esperamos llegar al 95% de 2011”, admitió el jueves el director del festival, Vince Power, durante la presentación del evento en esta localidad. El director ejecutivo, Pepe Corral, dijo que están ante “un año complicado”, pero aludió al “cartel de gran calidad” de este año (que encabeza Bob Dylan, cuya actuación será el viernes 13 de julio) y manifestó que en tres semanas sabrán si cuelgan el cartel de completo.
Las previsiones avanzadas suponen que el FIB perderá 10.000 fibers durante los cuatro días de conciertos con respecto a la última edición, cuando se recuperaron los 200.000 asistentes.
De momento, la venta en el extranjero permanece invariable. No así en territorio nacional, donde las compras se resienten por la crisis. Por esta razón, la organización ha decidido este año aplicar descuentos del 10% en las entradas (que van desde los 75 euros el pase de un día a los 145 por los cuatro) a toda la comunidad universitaria de la Comunidad Valenciana.
El FIB estima que este año supondrá un impacto económico de 21 millones de euros, de los que tres serán en inversión de proveedores valencianos.
Sobre las noticias que auguraban un cambio de sede del festival ante problemas como el aumento en el alquiler de los terrenos, el director ejecutivo manifestó que “el FIB no tiene sentido si no es en Benicàssim”, pero volvió a hacer un llamamiento a las Administraciones para que los compromisos “no se queden en discursos y se hagan efectivos”.

María Luisa Cantos presenta su disco para Columna Música

La pianista está considerada como la ‘embajadora de la música española’ en Suiza.

En un concierto que la pianista ofreció en el Palau de la Música Catalana, el gran compositor catalán Federico Mompou calificó la interpretación de esta pianista, ajena a todo divismo, como “exquisita y asombrosa”, destacando “el modo en que la intérprete entiende la música que toca y la proyecta al público con gran derroche de emotividad”.
María Luisa Cantos nació en Barcelona e inició sus estudios de piano a la edad de tres años, actuando por primera vez en público a los cinco años. Obtuvo el título de profesora de piano tan solo con 16 años ganando por oposición el Premio Extraordinario. Paralelamente cursó estudios de órgano. Frecuentó en master-classes a grandes maestros, y fue alumna de Geza Anda, entre otros. Diversos premios y distinciones le permitieron ampliar su formación musical en Paris y Viena. Diversas giras la llevaron a diferentes países de America, desde Louisville (Kentucky) en los Estados Unidos, hasta Santiago de Chile y  Caracas. En  Nueva York dio un recital en el Carnegie Hall, tras el que la crítica destacó su “técnica depurada y brillante“, su “fuerza y poder  interpretativo“ y su “excepcional expresión musical“. El amplio repertorio que posee atrae por la gran diversidad de estilos, especialmente por su interpretación de compositores como Brahms, Schumann o los impresionistas, lo que pone de manifiesto su calidad y versatilidad musical en la combinación y elección de sus programas.
Paralelamente a su carrera pianística se dedica también a la investigación de la historia musical española. A ella se debe la Fundación de los Cursos Internacionales de Interpretación de Música Española que tie­nen lugar anualmente en Baden, Suiza, su país de residencia, desde 1979, y que se han convertido en un sólido referente en la vida musical constituyendo un foro cultural único en su género. En 1990 creó la Fundación Música Española Suiza que tiene como principal objetivo la promoción y divulgación de la música española en Suiza y su repercu­sión en centro Europa, siendo ella su Presidenta y Directora artística. Ha sido condecorada con el Lazo de Dama de la Orden de Isabel la Católica, por sus méritos culturales en el extranjero.
Recientemente y con motivo de la celebración de los 25 años de actividades de la Fundación Música Española en Suiza, ha actuado como solista con los Hungarian Virtuosi, realizando una importante gira artística por Suiza, Eslovenia y Hungría, que finalizó en la prestigiosa Academia Franz Liszt de Budapest.
El nuevo disco de María Luisa Cantos, para el sello Columna Música,  contiene un selecto recital con obras de Brahms, Schumann, Scriabin y Granados. La presentación del mismo tendrá lugar mañana viernes, 20 de abril, a las 20.00 h. en la Sala Enric Morera del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona. En el acto participarán, además de ella misma, Josep Daniel Gubern, vicepresidente del Aula de Extensión Universitaria de Sant Cugat del Vallés, y Josep Pascual, director artístico de Columna Música.

“Cuando la gente oye un cláxon, yo oigo un Mi”

El joven violonchelista Pablo Ferrández debuta con la Orquesta de RTVE con el clásico pero complicado ‘Concierto en Re’ de Haydn.

“Mi padre no iba a ser chelista pero, cuando era joven, escuchó un disco de Pau Casals y le encantó. Entonces, a los 18 años, que es tardísimo para un músico, decidió tocar el chelo. Tanto le impactó que, cuando nací yo, me pusieron Pablo por Casals”, explica Pablo Ferrández sobre su padre, violonchelista de la Orquesta Nacional de España y del que heredó la pasión por el hermano mediano de la cuerda. A sus 22 años ya sabe lo que es subirse a las tablas del Gran Teatro del Liceo y del Auditorio Nacional, pero este viernes escribe una nueva página de su carrera: toca con la Orquesta de Radio Televisión Española el ‘Concierto en Re’ de Joseph Haydn. Completan el programa la ‘Sinfonía nº5’ de Beethoven y ‘Teponaztli’ de Cruz-Guevara.
El ‘Concierto en Re’ tiene esa doble percepción que separa al oyente del intérprete. Para el público, una pieza del padre del clasicismo vienés que resulta muy agradable al oído y con estructuras bien delimitadas. Para el solista, un puzle de digitaciones, matices y posiciones que conlleva un arduo estudio previo para domar la partitura. “Técnicamente es un infierno. Es uno de los conciertos más difíciles de chelo. Cuando me dijeron que tenía que tocar el ‘Concierto en Re’ me asusté un poco, pero me lo tomé como un reto”, explica Ferrández.
Curtido en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, el joven violonchelista estudia ahora en la Academia Krönberg, una “escuela exclusiva donde solo hay 14 alumnos”. “De la Reina Sofía solo tengo las mejores palabras: me lo ha dado todo. Estuve 7 años allí, pero necesitaba ir a esta escuela para desarrollar mi carrera como solista”, explica. Aún así, vive entre Frankfurt y Madrid, y sigue colaborando con el grupo de cámara que formó con sus compañeros en la escuela madrileña.
Pero a este instrumentista la música le viene desde la cuna. Su madre, profesora de música, inventó cuando él nació un método de enseñanza musical llamado El mago diapasón. Con este método, la madre de Ferrández logró que su hijo desarrollara oído absoluto en tan solo un año. “Es una técnica que requiere mucho trabajo durante todos los días, pero da resultado. De pequeño cuando sonaba el cláxon de un coche, yo escuchaba Mi. Mi madre lo imparte en centros infantiles y clases particulares y ya tiene muchos alumnos que tienen oído absoluto y sus padres no tienen nada que ver con la música. Puede que haya gente que nazca con ello, pero también se puede enseñar”, comenta el violonchelista.
Este instrumentista forma parte de una generación de buena cuerda española que elimina el prejuicio de que los violinistas, violistas, chelistas y contrabajistas españoles no tienen nivel. “Los instrumentistas españoles de cuerda fuera de España estamos supervalorados. En España seguimos con la tendencia de no valorar como se merece lo español, pero se está superando ese prejuicio. La educación musical en España es cada vez mejor”, explica.
Recién llegado del Festival de violonchelo de Los Ángeles, Ferrández ya tiene en la cabeza su agenda de conciertos hasta dentro de un año. Un momento especial será cuando toque como solista el próximo febrero en el Auditorio Nacional y debute con la Orquesta Nacional de España. Él estará junto al podio del director mientras su padre lo observa desde detrás del atril. “Va a ser un momento muy emocionante”, sentencia Ferrández.
Pablo Ferrández con la Orquesta de RTVE. Viernes a las 20.00 en el Teatro Monumental (Antón Martín). Entradas: de 10 a 22 euros.

El espejo incómodo

Daniel Dale Johnston ofrece un recital en La Casa Encendida antes unas 600 personas.

La mente humana es un territorio lo bastante ignoto como para avivar la fascinación y el desasosiego. A todos se nos nubla el ánimo sin que acertemos a descifrar la propia congoja. Desnortamos el raciocinio y transmutamos nuestra fragilidad consustancial en el escalofrío del abismo. La música de Daniel Johnston —o más bien Daniel Johnston mismo— abruma y conmueve por eso, porque ejerce de incómodo espejo frente a nuestras propias paradojas: los tímidos triunfos cotidianos junto a las miserias consustanciales, esas que ni siquiera la formulación química del diazepam difumina del todo.
Johnston, loco genial o luminaria chaveta, renglón torcido de un Dios que a veces podía tomarse el día libre, suscitó anoche en La Casa Encendida una expectación como no se recordaba, con muchos de los 630 espectadores guardando paciente cola en la calle desde una hora antes del concierto. Enfermo de trastorno bipolar, niño atrapado en el cuerpo de un adulto maltrecho y desvalido, conocedor inevitable de la zozobra y sus limitados paliativos farmacológicos, este californiano ofrece conciertos desmembrados e impredecibles. Intenta comportarse como un Syd Barrett afable, aunque esa mirada huidiza termina inquietando. Y transmite emoción, sin duda, pero también una acentuada pesadumbre. La misma que se nos despierta al comprobar que, por dos veces, Johnston es incapaz de recordar en qué extremo del escenario se encuentra la salida.
Su hora escasa de recital (18 piezas y algunos silencios, además de peleas con el cable del micrófono o trajín de papeles en busca de la letra adecuada) constituye una experiencia difícilmente reconfortante, mucho más perturbadora que lírica. Abrió la noche en solitario con la dolorosa Lost in my infinite memory (“Os quiero a todos pero me odio a mí mismo”) y el tosco acompañamiento de una pequeña guitarra en la que colocaba los acordes por aproximación. Las cuerdas cerdean, crujen y rechinan mientras un Daniel de aspecto desamparado canta, o gime, letanías que parecen colocarle siempre al borde del colapso.
Sus tres músicos se incorporan a partir de la cuarta canción, Love not dead, y supone un alivio que nuestro protagonista pueda dedicarse solo a cantar. El repertorio ahonda en el crudo rock alternativo (Fish) o esas baladas que, como Sweetheart, escuecen y provocan los primeros aplausos de un público entre estupefacto y abducido, con la respiración en suspenso permanente. La angustia acaba por desaforarse a la altura de Silly love (“Tengo un corazón roto y tú no puedes romper un corazón roto”), con esa tristeza amarga como un comprimido que se deshace debajo de la lengua.
Johnston apenas supera los 50 años, pero el pelo cano, el vientre abultado y esa deshilachada camisola gris, acaso necesitada de una visita a la lavandería, agudizan nuestras propias tribulaciones. La ciencia ha aprendido a extirpar tumores muy traicioneros, pero apenas sabe desentrañar la inmensa maraña neuronal. Y Daniel, encorvado sobre un micrófono que agarra con brazos temblorosos, se erige en la metáfora misma de la incertidumbre. Su voz no resistiría el más rudimentario examen de afinación, pero todo es tan genuinamente sentido (y sufrido) que a uno solo le puede sobrevenir un nudo en la garganta.
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