Cap. 7: Los jefes de los juglares

Roma de noche era bella en esa época del año. Era verano y la gente estaba fuera de las casas tratando de buscar aire fresco. Cornelio caminaba muy alegre, con los niños cogidos de la mano.

—Pasemos por la plaza de los pinos, deben estar los “juglares” haciendo sus pruebas, tocando y cantando. Me gusta verlos y quiero que ustedes los conozcan.

—¿Y quiénes son los “juglares”?

—Son músicos y actores que van por los pueblos divirtiendo a la gente con sus acrobacias, sus historias y su música.

—Será divertido verlos, ojalá estén — dijo Xochi.

Después de caminar algunas cuadras, llegaron a la plaza iluminada con antorchas. Había mucha gente formando un corrillo alrededor de los juglares. En la calle se encontraban dos carretas cubiertas donde viajaban estos artistas ambulantes.

—Está difícil meternos entre tanta gente —dijo el viejo Cornelio.

—Podemos con los ayotl —dijo Xochi.

—Claro que sí. Je, je, je. Este es un buen momento para usarlos. Xochi y Pilli colocaron sus caparazones de tortuga en el piso; Cornelio se paró encima de uno, Xochi encima de otro y Pilli en medio de los dos, con un pie en cada ayotl. Los tres desearon encontrarse en un buen sitio desde donde pudieran ver el espectáculo. No fue sino pensarlo y como por encanto se encontraron sentado en primera fila. Las personas que estaban al lado, no sabían qué había pasado, de dónde habían salido esas tres personas, pero pronto siguieron viendo a los juglares y se olvidaron del asunto.

Dos actores estaban haciendo unas acrobacias dificilísimas al compás de una pandereta que tocaba un tercero. Este número fue muy celebrado y Xochi y Pilli también aplaudieron con entusiasmo.

Cap. 6: Las catacumbas


Las calles de Roma eran amplias y limpias, con muchas casas y edificios públicos. Grandes avenidas, jardines y fuentes, con hermosas esculturas que representaban dioses o animales fantásticos.

A Xochi y Pilli les pareció Roma una ciudad alegre donde la gente caminaba sin prisa y tenía cara simpática. Después de andar muchas cuadras, llegaron a una pequeña colina, ya en las afueras de la ciudad. Tomaron un caminito estrecho por entre los árboles; un caminito que daba muchas vueltas, pero que Cornelio Plinio Rómulo, conocía muy bien.

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Cap. 5: El Ágono

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Llegó finalmente el gran día de las competencias. Hacía dos días que habían comenzado las fiestas agonales. Tolomeo había preparado mejor sus melodías en el diaulos y estaba muy entusiasmado. Estas fiestas en las cuales estuvieron presentes Xochi y Pilli, fueron exactamente las del año 436 antes de Cristo. El momento de la competencia fue muy emocionante. Tolomeo se había puesto una túnica blanca de su padre y se sentía muy importante. Su madre, Xochi y Pilli y los gemelos, estaban sentados en la gradería esperando el momento de la competencia. Le tocó el cuarto turno y cuando salió al escenario miró a Xochi, poniéndose la mano derecha sobre el pecho y haciendo una inclinación; Xochi comprendió que Tolomeo tocaría para ellos y en especial para él, que admiraba tanto su diaulos. Tocó hermosísimo y Xochi lo escuchó con la nariz refrescada con un pañuelo mojado que tenía preparado.

Los espectadores también alabaron a Tolomeo con aplausos de admiración. Después de haber pasado todos los concursantes, llegó el esperado momento de nombrar a los ganadores y la madre de Tolomeo no pudo aguantar el llanto, al oír el nombre de su hijo como el ganador del primer premio.

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Cap. 4: Tolomeo

Seguían caminando al lado de Tolomeo. De pronto éste les dijo:

—Quiero invitarlos a mi casa, para que conozcan a mi madre y a mis hermanos.

-¿Te gustaría ir Pilli? —le preguntó Xochi a la niña.

-Sí me gustaría; gracias, Tolomeo. También nos va a gustar conocer a tu familia. La casa de Tolomeo quedaba a quince minutos de la escuela. Era una casa muy linda, paredes pintadas de blanco y el frente lleno de flores. Al llegar, Tolomeo entró llamando:

-¡Madre, madre! He venido con unos amigos para que los conozcas.

¡Estoy aquí con los pequeños! —dijo la madre.

Tolomeo, Xochi y Pilli entraron en un cuarto amplio donde había muy pocos muebles. La madre de Tolomeo estaba jugando con dos niños pequeños, más o menos de dos años de edad. Eran gemelos exactos. Xochi y Pilli nunca habían visto nada igual pues los dioses nunca nacen gemelos. La madre saludó con afecto a los niños y ellos, más interesados en ver a los gemelos, le pidieron permiso para alzarlos. Pilli tomó uno en sus brazos y Xochi el otro; los miraron detenidamente, admirados de que fueran tan iguales. Jugaron con ellos largo rato y al final estaban todos de amigos.

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Cap. 3: La escuela griega

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La escuela quedaba en un edificio blanco con grandes columnas. En el interior había un patio donde estaban sentados los alumnos, en total quince. El maestro, un hombre como de cuarenta años, estaba vestido con una túnica de color gris. Se dirigió a los niños saludándolos y los invitó a sentarse.

Comenzó a hablar sobre los astros y su nombres, y a preguntar algunas cosas de lo que les había enseñado anteriormente. Todos los alumnos estaban interesados y hacían muchas preguntas.

Xochi y Pilli también estaban fascinados con la manera de explicar del maestro. Esta clase de “Astronomía” tenía mucho que ver con las matemáticas, ciencia muy adelantada en ese tiempo.

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Cap. 2: El Pireo

En la tierra de los dioses el amanecer es como en la tierra de los hombres. Primero, el cielo se va aclarando con un color rosado, después se vuelve un poco amarillo y finalmente, sale el sol. Se va sintiendo un calorcito delicioso y miles de pájaros comienzan a sentir un cosquilleo en la garganta que los hace soltar cantos hermosísimos. Este monto del amanecer es muy importante para los dioses, nunca dejan de presenciarlo; no desperdician ningún momento en que puedan ver cosas bellas. Si asistiéramos a un amanecer en la tierra de los dioses, veríamos a todos ellos, viejos y jóvenes esperando la salida del sol con los ojos brillantes de emoción.

Cap. 1: LA TIERRA DE LOS DIOSES

Las aventuras de Xochi y Pilli comenzaron hace varios siglos y aún no han terminado, porque este es el momento en que no han regresado a su tierra y se sabe que no están muertos porque… ¿acaso los dioses mueren?

Xochi y Pilli vivían en un lugar muy bello, habitado por seres muy especiales, que tal vez nosotros no podamos entender. Estos seres se llaman dioses y tienen muchas cualidades: son buenos, alegres, sin complicaciones, gozan con el aire, danzan y tocan músicas bellísimas.

Para los dioses el tiempo es muy largo; un año para nosotros, puede ser mil años para ellos. Claro que hay dioses viejísimos, pero también hay dioses jóvenes y dioses niños.

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