Valencia quiere contar la historia del jazz en España

El primer congreso sobre la presencia de esta música en nuestro país se celebrará en noviembre

El congreso sobre la historia de jazz en  España que se celebrará en Valencia en noviembre supondrá un importante paso para paliar  la escasez de estudios sobre la llegada y desarrollo de esta música nuestro país. Aunque hace casi un siglo que los melómanos españoles conviven este género, el congreso internacional Jazz en España será el  primero dedicado al tema en nuestro país. Se trata de una iniciativa de la subdirección general de Música de CulturArts – Generalitat Valenciana y la Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que contará con la colaboración de la Universitat de València y la Universitat Politècnica de València.
El encuentro, que se celebrará entre los días 28 y 30 de noviembre de 2013, pretende contribuir a  “actualizar y presentar a la comunidad científica la investigación más reciente sobre la historia y presencia del jazz en nuestro país de la mano de los especialistas y protagonistas de este género”.  Además de la entrada del jazz en la Pelnínsula Ibérica, se abordarán “las peculiaridades de su consolidación en diferentes ciudades y territorios, su asimilación desde otras tradiciones musicales, la recepción por parte del público y los medios de comunicación o la influencia de algunos músicos destacados en su desarrollo”, entre otros aspectos.
Las mesas redondas y ponencias se complementarán con una serie de conciertos en la Universitat Politècnica de València, enmarcados en su tradicional festival Novembre, así como jam sessions en distintos clubes de la ciudad y una exposición sobre la memoria gráfica jazzística que acogerá la Universitat de València en el Centre Cultural La Nau, organizada en colaboración con la Fundación Ebbe Traberg.
 

“Tenemos tecnología pero no nos escuchamos”

El director musical del teatro La Fenice es uno de los talentos del Sistema de Abreu.

A Diego Matheuz (Barquisimeto, Venezuela, 1984) le cuesta obviar sus orígenes. El joven director de orquesta, uno de los talentos virtuosos de la batuta descubierto por el maestro José Antonio Abreu —creador de las orquestas infantiles y juveniles venezolanas—, no puede evitar hacer incontables referencias al Sistema una vez se enciende la mecha.
Matheuz empieza la conversación cauto, tímido incluso, pero se relaja hablando de música. Su elección para comer es frugal. Merluza a la plancha acompañada de un ligero puré. El responsable musical del Teatro La Fenice, en Venecia, se encuentra en San Sebastián donde debuta en España como director de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. “Es la primera vez que tengo oportunidad de ensayar en español con una orquesta que no sea venezolana”, dice al explicar las ventajas de comunicación que conlleva.
Considerado por la crítica como un músico fresco, elegante y sensible, el joven director ha depurado estilo. Italia está siendo el contrapunto a su formación musical social socialista de la mano de Claudio Abbado. “Estoy muy contento dirigiendo en Venecia pero sigo formando parte del Sistema y siento nostalgia por tocar en la Simón Bolívar”, comenta.
Matheuz, violinista, empezó con el violonchelo. Pero era demasiado grande y ocupaba mucho espacio en el carro de su padre, donde tenían que entrar sus dos hermanas, también músicos. Así que su padre le invitó a pasarse al violín a cambio de uno nuevo. Matheuz cree que es una “gran ventaja” ser instrumentista a la hora de dirigir porque te permite entender el engranaje de la orquesta. A pesar de sus 27 años, reconoce que le ha tocado bregar con los músicos a golpe de psicología muchas veces. “Hay que convencerlos porque algunos cuestionan la juventud. Lo mejor es ser tú mismo y tener seguridad en las decisiones que tomes”, explica.
Más allá de la genética, lo suyo es ambiental. Proviene de la ciudad musical de Venezuela; Barquisimeto, con dos millones de habitantes, donde todo el mundo canta o toca un instrumento.
Apenas gesticula mientras come. Ni si quiera cuando se tantean posibles fisuras en el método que Abreu creó hace 36 años en los barrios pobres de Caracas. “Es verdad que es un sistema riguroso, de disciplina, muy repetitivo pero cuando llegas a cierto nivel obtienes tu libertad y puedes ser más creativo”, defiende.
Tampoco baja la guardia al defender el método pero Matheuz afirma que es mejorable: “Habría que profundizar en otros compositores, además de los rusos”.
Consciente de que todo el mundo tiene los ojos puestos en el Sistema y que es un producto exportable, el director venezolano está inmerso en el proyecto de crear una sede en Venecia. “Estamos haciendo un estudio social para ver cómo se integraría el Sistema en un contexto tan diferente”.
Lleva viajando y tocando en orquestas desde los 9 años. “En Venezuela desde el primer día tienes derecho a tocar. Te enseñan el sentido de comunidad. La comunicación tiene que ser perfecta para que todo funcione. Quizá ese sea el problema actual; tenemos una tecnología grandiosa pero no nos escuchamos”, dice minutos antes de reconocer que tiene más de 1.000 seguidores en Twitter pero que “son pocos”.

''Cavalleria Rusticana'' y ''Pagliacci'', desde el Real, a la Ópera de París

Se apoya en una introducción común que hila las dos historias trágicas y la fugaz aparición del personaje de Turiddu muerto al comienzo del drama de los payasos, en la segunda parte.

La fusión producida por el Teatro Real de Madrid de las óperas “Cavallería Rusticana” y “Pagliacci” llega ahora a la Ópera de París, donde se representa desde este mes en lo que es en realidad el estreno de la primera.
El coliseo parisino, ni en la histórica Ópera Garnier ni en la nueva de la Bastilla, había representado nunca “Cavalleria”, el drama compuesto por Pietro Mascagni (1863-1945), lo que puede llegar a sorprender, aunque sí se había visto en la capital francesa, en la Ópera Cómica.
Ahora llega en la producción del Real, que el teatro madrileño estrenó en 2007, con Giancarlo del Monaco en la dirección escénica y Jesús López Cobos en la musical; en la versión de París asume ésta última Daniel Oren.
La versión de estas dos óperas que van de la mano -“Pagliacci” sí se conoce en París, desde 1902- se apoya en una introducción común que hila las dos historias trágicas y la fugaz aparición del personaje de Turiddu muerto al comienzo del drama de los payasos, en la segunda parte.
“Cavalleria rusticana” se estrenó en el Teatro Constanzi de Roma el 17 de mayo de 1890 y es una tragedia de amor y celos que se desarrolla en el siglo XIX en Sicilia, con libreto de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci, basado en el drama homónimo de Giovanni Verga.
“Pagliacci” es un sainete de celos e infidelidades sobre una compañía de cómicos ambulantes en Calabria, basado en hechos reales y escrita por Ruggero Leoncavallo, que fue estrenada en el Teatro dal Verme de Milán el 21 de mayo de 1892 bajo la dirección de Arturo Toscanini.
Con escenografía de Johannes Leiacker, figurines de Birgit Wentsch e iluminación de Vinicio Cheli, la Ópera de París recupera de la producción del Real a la soprano lituana Violeta Urmana, en el papel de Santuzza para “Cavalleria”.
La escenografía de esta pieza sitúa el drama en una cantera de mármol y abandona parte de los tópicos del entorno siciliano donde se sitúa la historia, aunque quedan referencias al peso de la religión con un desfile de penitentes.
Para la segunda obra, también repite de la producción original española el tenor dramático ruso Vladimir Galouzine, en el papel de Canio y la acción se traslada en este caso a desde finales del siglo XIX a los años 50 y 60 del pasado siglo.
Los vínculos cinematográficos de ambas obras – “Cavalleria” suena en “Raging Bull”, de Martin Scorsese, y en la tercera parte de “The godfather” (Francis Ford Coppola); mientras que “Pagliacci” es recurrente en clásicos del cine- se destacan en la segunda parte, con tres enormes reproducciones de Anita Ekberg durante su baño en la Fontana di Trevi de Federico Fellini.

El glam-rock de Twisted Sister se incorpora al Azkena

La organización confirma también la participación de The Mars Volta, M Ward y Rich Robinson.

Con las últimas incorporaciones anunciadas hoy por la organización, el cartel del Azkena Rock Festival de Vitoria de esta edición queda practicamente perfilado. La promotora, Last tour International, ha asegurado que en cuestión de días se conocerán los dos artistas que faltan para completar el viernes y el sábado. Por ahora están confirmados ocho nuevos grupos entre los que destacan Twisted Sister, que compartirá cabeza de cartel el jueves con Status Quo y Blue Öyster Cult, y The Mars Volta, M Ward y Rich Robinson, que arroparán a los puntales del resto de días.
Twisted Sister, la banda neoyorquina surgida en los 70, es una referencia ineludible para entender el hard rock y el glam metal de los 80. A caballo entre el heavy metal de Judas Priest y el hard rock de Kiss, su estilo extravagante y sobre todo, himnos como We’re Not Gonna Take It o I Wanna Rock, les hacen ir camino del altar del rock and roll.
El rock progresivo llegará de la mano de The Mars Volta, la formación del multiinstrumentista Omar Rodríguez-López y el vocalista Cedric Bixler-Zavala. Tienen siete discos de estudio de los cuales el último,Noctouriquet, apenas acaba de salir al mercado. Y el rock condimentado con folk lo trae M. Ward, uno de los músicos más inspirados en su género. Uno de los miembros fundadores de los legendarios The Black Crowes, Rich Robinson, presentará sus dos últimos discos en solitario, Through a Crooked Sun y el EP Llama Blues.
Completan las confirmaciones Steel Panther, una desternillante banda californiana que parodia el hard rock y el glam de los 80, los londinenses Si Cranstoun y su mezcla de rock, swing y R&B y los alemanes Dick Brave and The BackBeats. En la escena local se suman los ganadores del premio Villa de Bilbao, Dr. Maha’s Miracle Tonic.Todos ellos arroparán a las grandes actuaciones previstas para este año: Ozzy Osbourne & Friends y Black Label Society el viernes y Lynyrd Skynyrd, My Morning Jacket y The Darkness, el sábado.

Mercury Rev y James Blake, nuevas confirmaciones del Día de la Música

James Blake y Mercury Rev entre los nombres del cartel de la séptima edición del festival, que se celebra en el Matadero de Madrid.

Two Door Cinema Club, Maxïmo Park, St Vincent o Love of Lesbian –que presentan álbum- ya tienen acompañantes confirmados para el Día de la Música, que celebra su séptima edición los próximos 22 y 23 de junio en el Matadero de Madrid. El cantautor inglés James Blake  -la nueva estrella del soul digital-, los neoyorkinos intimistas Mercury Rev, los refinados británicos Tindersticks, también con nuevo disco, o la promesa folk llegada de Irlanda James Vincent McMorrow se suman al cartel del acontecimiento anual. El abono cuesta 63 euros más gastos de gestión  y la entrada de día (que se ha puesto hoy a la venta) 38 más gastos. Estos precios son válidos hasta el 10 de mayo.
Entre el elenco nacional, a nombres ya previstos como el de Christina Rosenvinge se añaden los de La Casa Azul, el Señor Chinarro, Jane Joyd y Mendetz. Más allá del pop en todas sus vertientes, los sonidos rock más guitarreros estarán representados por Alejandro Escovedo and The Sensitive Boys. El soul encuentra complemento de de la mano de Lee Field & The Expressions, y el rap contará con la presencia de la más reciente revelación en el género: la estadounidense Azealia Banks.
Para ir poniéndose a tono, los organizadores del evento han creado una lista de Spotify. El cartel completo y el resto de información se pueden ver en la web del Día de la Música.

La voz de la Primavera Árabe

La cantautora tunecina Emel Mathlouthi se convirtió en inspiración de la revolución de los Jazmines.

La música y las revoluciones han ido siempre de la mano. Es un complemento, una herramienta y muchas veces una banda sonora que recuerda a un tiempo y el cambio social que lo marcó. La música de la cantautora tunecina Emel Mathlouthi se convirtió sin ella quererlo en el hilo musical que inspiró la Revolución de los Jazmines, y ahora vive en Francia donde se está forjando una carrera musical imparable. El 21 de julio actuará en Barcelona.
“Yo no salí a la calle para cantar, solo estaba en las protestas de Túnez para estar con mis compatriotas, exigir la libertad contra el régimen injusto y tirano de Ben Ali. Mi amiga me cogió de la mano y me pidió que cantase Kelmti Horra (Mi mundo es libre), una canción que se conocía en algunos sectores underground de mi ciudad”. Pronto se convirtió en el himno inspirador de la revolución de su país. “Todavía no soy conocida en muchos países árabes, no hago actuaciones en Egipto ni en Libia, donde los artistas como yo no somos reconocidos, pero me gustaría luchar contra eso, dar la cara por la nueva generación de gente que como yo no tenemos el espacio que merecemos. Creo que la gente necesita un nuevo discurso”.
Mathlouthi tiene 30 años, y desde muy joven encontró en la música una forma de libertad para expresarse: “Cuando era pequeña en mi país las mujeres no teníamos espacio para crear, lo que me suponía un gran peso. La música se convirtió en el aire de mis pulmones y en el discurso de mi voz”. Sus canciones han experimentado un importante giro desde que las escribió entre 2005 y 2009. Las influencias musicales van desde el flamenco hasta el folk y el rock, pasando por la música celta, el fado, o los ritmos latinos. “Me despierta mucha curiosidad la música de todo el mundo, creo que llegó un momento en que todas se mezclaron en mi cabeza y derrepente apareció mi propio estilo. Después estuve dos años pensando en cómo dar a mis canciones un aire nuevo. Pienso en la música como en una película e intento darle ese color, ese ambiente que las haga universales”.
Más allá de las influencias culturales, la cantautora cree que en realidad su música se inspira en sus emociones, mucha poesía y también melancolía. “La gente me dice que mi canción es muy importante en una época como esta”. Tanto es así que ella misma no era consciente de la trascendencia de su música hasta que sufrió en sus carnes la censura. Su cuenta de Facebook contaba con más de 30.000 fans, allí colgaba sus vídeos y criticaba la situación política del régimen de Ben Ali. En Internet encontró su espacio libre, desde donde podía hablar con los jóvenes de su país, comunicarse con ellos y mostrar su arte. Las autoridades tunecinas la cerraron la página de un día para otro: “Por un lado fue un shock para mí, y sin embargo me estimuló porque me di cuenta de la magnitud que tenía lo que hacía”.
¿Pero quién es Emel Mathlouthi, una cantante comprometida con la política o una activista política que canta? “Hace tiempo estaba muy comprometida, entonces la música se convirtió en la mejor manera de actuar: muestra el poder de manera más eficaz, las letras de las canciones son eternas. Yo me considero una cantante, porque cuando la música cuenta una historia, cuando tiene una causa, nunca muere”. La tunecina desprende ansia de libertad, asegura que siempre ha entendido la música como un puente hacia la democracia: “Cuando la melodía está bien hecha y es lo suficientemente fuerte el mensaje puede llegar muy lejos traspasando las barreras de la censura y del lenguaje. Puede llegar a ser muy poderosa y llegarte al corazón e incluso tocar la fibra sensible aunque no entiendas la letra”.
Mathlouthi habla cinco idiomas, desde niña aprendió a querer saber más, siempre deseó salirse de una sociedad que le asfixiaba. “En Túnez tienes que ser como las demás niñas, no mostrar tus emociones, no gritar, no expresarte. Este sentimiento de frustración me acompañó en mi infancia, hasta que fui al instituto y a la universidad, donde me di cuenta de que no hay problema si quieres gritar”. A pesar de su personalidad libre, no lo tuvo fácil en su casa. “Mi madre no quería que fuera una artista, ella es muy tradicional y creía que, como mujer, tenía que estudiar, casarme y tener hijos, y si elegía otra dirección iba a ser duro. No quería que fuera diferente. Además yo era una buena estudiante y a ella le hubiera gustado que fuese ingeniero, doctora… Pero estudié diseño gráfico y no era o que esperaba para mí. Mi padre en cambio es un tipo muy abierto. Fue él quien me enseñó a ser yo misma y mostrar mis diferencias”.


Se muestra confiada en que algo está pasando en la sociedad musulmana, especialmente en las mujeres: “En Túnez las chicas se empiezan a casar más tarde; las mujeres se preocupan ahora por sus carreras; tienen la ambición de hacer algo por la sociedad”. Pero Emel Mathlouthi está convencida de que no es suficiente, que esto no ha terminado aquí. “A las mujeres y a mi país todavía nos queda mucho camino por recorrer”.

Forma Antiqua reinventa 'Las Estaciones' de Vivaldi mezclando lo barroco y lo actual

  • El trío especializado en música antigua ha invitado al pianista Uri Caine
  • El vocalista de jazz Theo Blackmann canta los sonetos introductorios
  • El violinista ovetense Aitor Hevia es el solista de este nuevo CD
“Vivaldi compone con el título “Le Quattro Stagioni” (The Four Seasons) pequeñas historias musicalizadas de una manera única. Mediante cortos cuentos en forma poética crea una maravillosa declaración de amor a los seres humanos y a la naturaleza. Sus sonetos y composiciones hablan acerca de las aves en primavera, del murmullo de los arroyos, de ninfas bailando y de los pastores, del calor en verano, de terribles truenos y del granizo, de las fiestas de otoño delos campesinos borrachos, de un viaje por la mañana hasta la muerte, de la frialdad en invierno, del calor de la chimenea y de vientos marciales que soplan alrededor de la casa. Sus cuatro estaciones son un homenaje musical al mundo y a la vida.”
Stefen Winter, productor
Nadie podría decirlo mejor, a pesar de todo lo que se ha escrito ya sobre Las cuatro estaciones de Vivaldi, una de las obras más grabadas de toda la historia de la música. Stefen Winter ha producido desde el sello alemanWinter &Winter este nuevo trabajo de Forma Antiqua. Este conjunto residente del auditorio Príncipe Felipe de Oviedo e  integrado  por los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico, es una formación a tener en cuenta entre  la nueva generación de músicos que se dedican en España a interpretar música antigua con instrumentos de época.

El grupo de formación variable (cuenta con más músicos dependiendo del repertorio) ha contado en esta ocasión con un espléndido violinista, algo imprescindible parf esta obra de Vivaldi, el asturiano Aitor Hevia. Hasta aquí todo normal. Lo más curioso viene de la mano de los otros dos invitados: el compositor y vocalista Theo Blackmann –que ha puesto voz a los sonetos que sobre cada estación se cree que escribió Vivaldi y que suenan abriendo cada concierto y el pianista norteamericano Uri Caine,  a quien  debemos versiones extraordinarias, frescas y jazzisisticas de grandes obras de Bach o Beethoven.

 

Las estaciones del presente

Esos sonetos musicalizados y cantados (con piano y electrónica) que soprenden por no esperados son lo que distinguen esta grabación de cualquier anterior. Por si fuera poco el trabajo se completa con grabados del del artista conceptual Marcel Van Eeden que alejándose de los las imágenes estereotipadas asociadas a la obra (recuerden las cuatro manzanas de los discos de Vivaldi) ilustran las estaciones con aviones de guerra o una pizza cuatro estaciones.
Como cuenta el periodista Mikel Chamizo en su reseña de mundoclasico.com, Stephen Winter le contó que estas  Cuatro Estaciones “responden al momento presente, ni más ni menos. No hubieran sido posibles hace 10 años y dentro de 15, probablemente, ya no conservarán el mismo sentido que tienen ahora.” Estamos de acuerdo con él, y tras la escucha (recomendamos con poca iluminación) del disco, podemos coincidir con Winter en su veredicto del resultado fonográfico: un enfoque completamente nuevo, excitante, sensual, misterioso, despertando a la partitura de su letargo con un rico mapa de nuevas impresiones sonoras.