Valencia quiere contar la historia del jazz en España

El primer congreso sobre la presencia de esta música en nuestro país se celebrará en noviembre

El congreso sobre la historia de jazz en  España que se celebrará en Valencia en noviembre supondrá un importante paso para paliar  la escasez de estudios sobre la llegada y desarrollo de esta música nuestro país. Aunque hace casi un siglo que los melómanos españoles conviven este género, el congreso internacional Jazz en España será el  primero dedicado al tema en nuestro país. Se trata de una iniciativa de la subdirección general de Música de CulturArts – Generalitat Valenciana y la Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que contará con la colaboración de la Universitat de València y la Universitat Politècnica de València.
El encuentro, que se celebrará entre los días 28 y 30 de noviembre de 2013, pretende contribuir a  “actualizar y presentar a la comunidad científica la investigación más reciente sobre la historia y presencia del jazz en nuestro país de la mano de los especialistas y protagonistas de este género”.  Además de la entrada del jazz en la Pelnínsula Ibérica, se abordarán “las peculiaridades de su consolidación en diferentes ciudades y territorios, su asimilación desde otras tradiciones musicales, la recepción por parte del público y los medios de comunicación o la influencia de algunos músicos destacados en su desarrollo”, entre otros aspectos.
Las mesas redondas y ponencias se complementarán con una serie de conciertos en la Universitat Politècnica de València, enmarcados en su tradicional festival Novembre, así como jam sessions en distintos clubes de la ciudad y una exposición sobre la memoria gráfica jazzística que acogerá la Universitat de València en el Centre Cultural La Nau, organizada en colaboración con la Fundación Ebbe Traberg.
 

Las bandas toman la ópera

El Palau de les Arts abre sus puertas a las sociedades musicales valencianas.

Las bandas de música tomaron ayer el edificio de la ópera de Valencia. Y lo hicieron para quedarse. La Banda Simfònica d’Algemesí y la Agrupación Musical Santa Cecilia de Ador abrieron el ciclo titulado Les bandes a les Arts, en el que participarán un total de 22 agrupaciones distribuidas en 11 conciertos a precios populares (la entrada cuesta tres euros).
Este concierto es una reivindicación de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana hecha realidad, que desde que se inauguró el Palau de les Arts hace seis años había reclamado que las bandas tuviesen su espacio en el emblemático edificio.
“Esta es una jornada histórica para el colectivo”, aseguró Josep Francesc Almeria, presidente de la federación de bandas de música. “Las sociedades musicales demostrarán con su calidad que este proyecto debería haber comenzado mucho antes”, explicó Almeria, que añadió: “Hay aspectos mejorables en el diseño del ciclo, que esperamos que se aborden en beneficio de todos, para lo que nos ponemos a disposición de la Consejería de Gobernación”.
El concierto de ayer es el primero que las bandas de música ofrecen en este coliseo, si se exceptúa el repertorio que ofrecieron en la sesión inaugural las bandas municipales de Castellón y Valencia el pasado 24 de marzo.
El repertorio que ayer sonó en el palacio de la ópera de Valencia fue variado, pero sobre todo incluyó temas valencianos dirigidos por Ramon García —en el caso de la banda de Ador— y Alberto Ferrer, que dirigió la agrupación de Algemesí, también la primera banda que actuó en el certamen de Valencia de 1866.
Los aficionados de este municipio de La Ribera Alta y del de La Safor se movilizaron ayer para escuchar a sus bandas tocar por primera vez en la historia en el escenario del Palau de les Arts. La Federación de Sociedades Musicales agrupa a un total de 537 bandas de las tres provincias con un total de 40.000 músicos y 60.000 alumnos y más de 200.000 socios que constituyen el principal agente cultural valenciano.

"Es una pena que 'El gato montés' no se vea en Valencia"

La obra del valenciano Penella se estrenó en el Teatro Principal en 1917 y ahora agota localidades.

El gato montés es una de las zarzuelas más populares. Y también una de las partituras del género más apreciadas, si bien contiene todos los tópicos del españolismo al uso y la fama de su pasodoble ha solapado el resto. La escribió el compositor valenciano Manuel Penella. Se estrenó en 1917 en el Teatro Principal de Valencia. Plácido Domingo la llevó en los noventa a liderar la lista de discos de ópera más vendidos en EE UU.
El último montaje de esta zarzuela está dirigido por el valenciano Cristóbal Soler, que desde 2010 lleva las riendas del Teatro Lírico Nacional de la Zarzuela. Cuenta con la coreografía de Cristina Hoyos y la dirección escénica de José Carlos Plaza. Tras su estreno en febrero en Madrid, donde agotó las localidades, inició una gira por Valladolid, Lisboa, Oviedo, Sevilla. No está previsto, sin embargo, que la obra recale en Valencia.
“La verdad es que El gato montés está funcionando muy bien en cuanto al público y a la crítica”, apunta el director de Alcàsser de 43 años. “Es una pena que un montaje así no se pueda ver en Valencia. Se lo propuse a la consejería de Cultura y también al Palau de les Arts, pero no he sabido nada”, agrega Soler, que fue discípulo de José María Cervera y se perfeccionó ensayando con Nikolaus Harnoncourt. “Es una pena”, incide “porque en Valencia se cumplirá pronto el centenario de su estreno”. Además, al ser un montaje del Ministerio de Cultura, el teatro que lo acoge en su programación no acarrea con los costes de la producción; debe pagar las nóminas y la estancia de los artistas.
Soler defiende la vigencia y la calidad de la zarzuela. Recuerda que los grandes teatros españoles programan al menos un título al año y que cantantes de prestigio participan en los montajes, al igual que otros artistas, como en esta última versión de El gato montés. Ha prestado especial atención a la recuperación del patrimonio lírico menos frecuentado, interpretando y grabando recuperaciones musicales históricas como Le Revenant, de M. Gomis, Il burbero di buon cuore, de Vicente Martin y Soler, o poemas sinfónicos de Salvador Giner.
Sus gustos personales se inclinan por el repertorio italo-germano, en particular, por los compositores Brahms y Beethoven, en el caso de la música sinfónica, y por Verdi y Puccini, en el de la ópera.
El que fue fundador y director musical de la Orquestra Filarmònica de la Universitat de València y actual primer director invitado de la Orquesta Clásica Santa Cecilia de Madrid es partidario de buscar las fórmulas para popularizar la ópera y más en tiempos en crisis. “La ópera debe ser para todos. Debe haber días del público, con entradas más baratas, y también palcos y entradas VIPS, con todo lujo, de precios elevados para que las paguen los que más tienen”, arguye.
Insisten en que lo más importante es la educación, no sólo de los músicos, obviamente, sino también del público. Ya para crear un público amplio, con conocimiento, se necesita planificar a medio y largo plazo. Las actuaciones de grandes nombres mediáticos atraen a mucha gente a corto plazo, pero no generan una demanda consistente y constante. “No sólo hay que escuchar nombres; hay que escuchar música. Hay que valorar la música independientemente del nombre que la intérprete y para eso hay que fomentar la cultura del público, además de potenciar la enseñanza de la música, claro”, apunta.
Como la mayoría de los músicos valencianos, su vocación nació al calor de la afición popular por las bandas de música. No en vano, desde niño escuchaba al otro lado de la pared de su habitación como estudiaban los miembros de la sociedad musical de su pueblo. Parece que su futuro estaba marcado. A los cinco años, ya tocaba varios instrumentos.
Con el tiempo fue asistente dos años de la Orquesta Sinfónica de Viena. Allí conoció de primera mano el magisterio de directores como George Prêtre, Vladimir Fedoseyev o Mariss Jansons. Sin embargo, el que le causó una impresión más honda fue, probablemente, Harnoncourt. “Tuve la oportunidad de verlo trabajar y de estar con él. Es un gran pedagogo. Además, me llamó mucho la atención cómo estudiaba las fuentes de la partitura”, recuerda.

Peinando canas con dignidad

“Fue la mejor noche que se les recuerda aquí en mucho tiempo”.

Teniendo en cuenta que la banda de Mike Scott ha visitado Valencia en numerosas ocasiones en las últimas décadas, y sin dejar de tener presente que no van a desperdiciar ese bucle nostálgico en el que se ha convertido el circuito musical en directo, y del que nuestra ciudad, particularmente, participa con tanta entrega (era previsible que su reciente álbum musicando poemas de Yeats no iba a gozar de lugar preeminente), calibrar la valía de su concierto del viernes obliga a reparar en detalles.
Porque la elección del Palacio de Congresos en Valencia solo puede entenderse como una necesidad de aforo, y no como un marco en el que, ni mucho menos, los Waterboys fueran a aligerar la carga rockera y grandilocuente que siempre les ha singularizado. Ni veleidades acústicas ni rebajas de intensidad.
Y porque si tenemos que hablar de momentos con los que ratificar que fue la mejor noche que se les recuerda aquí en mucho tiempo, hay unos cuantos que pueden servir: el arrollador toque de corneta con Rags; la fusión folk de filiación celta entre The Thrill Is Gone y esa And The Healing Has Begun de un Van Morrison al que siempre han reverenciado; la extraordinaria lozanía exhibida por unas apabullantes e inoxidables Glastonbury SongBe My Enemy o The Pan Within; y, sobre todo (y esta era la novedad), la imponente capacidad teatralmente dramatizadora de Mike Scott para hacer de médium de W. B. Yeats enNews For The Delphic Oracle y Mad As The Mist And Snow, justo en el interludio de un concierto en el que, arropado por una banda que ejecuta al dedillo, se mostró pletórico.

Nadie es perfecto

Motivos suficientes para hacer la vista gorda ante la forma en la que, quizá llevado por el pegajoso ardor ambiental (cánticos populares vengan o no a cuento, una traductora improvisada e incluso la recuperación de aquella camiseta del equipo de fútbol del Valencia que le fue regalada hace diez años), desbravó The Whole Of The Moonpara convertirla en soniquete de fondo para presentar a su banda. Nadie es perfecto.
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Yeats según The Waterboys

El quinteto toca el 12 en el Principal de Alicante y el 13 en el Palacio de Congresos de Valencia.

Cuando los Waterboys aterrizaron en Valencia en 1989, donde contaban con una nutrida legión de seguidores y seguidoras, llegaban con el espectacular álbum Fisherman Blues bajo el brazo. Y con él, The stolen child, primer poema adaptado de William Butler Yeats que el grupo incorporó a su discografía. La debilidad de Mike Scott, el líder de la banda, por el mayor poeta irlandés de todos los tiempos ha permanecido intacta con el tiempo e incluso se ha acrecentado, a tenor del álbum que acaba de dedicar íntegramente al Premio Nobel de Literatura, titulado An apppointment with Mr. Yeats.
Ni qué decir tiene que The Waterboys llenó en aquella noche de julio del 1989 el Auditorio Arena con un público que en muchos casos los seguía desde el arranque discográfico en 1983. El estilo de Scott y su banda no ha cambiado demasiado desde entonces, por lo que sus seguidores de aquellos agitados (musicalmente) ochenta, lo más probablemente es que se sientan plenamente identificados con el quinteto que podrán escuchar en directo el día 12 en Alicante y el día 13 en Valencia. Salvo en el tipo de auditorios, claro está. Ahora toca sentados en cómodas butacas: en el Palacio de Congresos de Valencia y en el teatro Principal de Alicante.
Para quienes se asoman de nuevas a esta banda cuyo nombre resucitó Scott en 2000, puede atraerles la intensidad emocional de éste, cantautor preocupado por la melodía, la energía y las raíces que dan sentido a lo que dice. An appointment with Mr. Yeats es el décimo álbum de The Waterboys y en el mismo colaboran, además de miembros originales de la banda, invitados de prestigio como el violinista Steve Wickham. El programa incluye, además de las piezas de Yeats, otras del repertorio histórico del grupo.