Juan Bautista Alberdi

Juan Bautista Alberdi (San Miguel de Tucumán, 29 de agosto de 1810 – Neuilly-sur-Seine, Francia, 19 de junio de 1884) fue un jurista, economista, político, escritor y músicoargentino, autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853.

 

Juan Bautista Alberdi nació en Tucumán en el año de la Revolución de Mayo. Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante español, y su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, era de familia criolla. Su madre falleció a causa del parto de Juan Bautista. Pocos años más tarde falleció su padre, quedando huérfano al cuidado de sus hermanos mayores.

Su familia había apoyado a la Revolución desde sus inicios y su padre frecuentaba aBelgrano cuando éste estaba al mando del Ejército del Norte.

Se trasladó desde muy joven a Buenos Aires, donde estudió en el Colegio de Ciencias Morales, gracias a una beca de estudio otorgada por la provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824, debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza.

Se empleó como ayudante de comercio en la casa de don Juan B. Maldes, que había sido colaborador de su padre, cuyo negocio se encontraba enfrente del Colegio. Dado que veía diariamente a sus compañeros, pronto se arrepintió y retomó sus estudios, cursando en el departamento de jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Continuaría sus estudios en la Universidad Nacional de Córdoba y los culminó en Montevideo en 1840. Obtendría su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.

En esos años en Buenos Aires se dedicó a la música y compuso obras clásicas de piano, guitarra y flauta para sus amigos. En 1832 escribió su primer libro, El espíritu de la música.

En 1834 viajó a su provincia natal deteniéndose para rendir exámenes en Córdoba, obteniendo el título de bachiller en leyes. Éste no lo habilitaba para ejercer la profesión porque para ello debía cursar dos años en la Academia de Práctica Forense y rendir un examen ante la Cámara de apelaciones. En Tucumán colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto titulado “Memoria descriptiva de Tucumán”. El mencionado caudillo lugareño le ofreció habilitarlo por decreto para el ejercicio profesional e incorporarlo a la legislatura para que se quedara radicado en su provincia. Alberdi se negó aduciendo que aún no era abogado y que quería doctorarse en Buenos Aires.

A fines de 1835 regresó a tales fines a dicha provincia, donde se unió al llamado Salón Literario, fundado por Marcos Sastre y Esteban Echeverría, con lo que se vinculó a la llamada generación del 37.

En 1837 publicó lo que pensaba que sería su tesis doctoral: el Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, en que pretendía hacer un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. Era la fundación del historicismo jurídico argentino, doctrina que consideraba al sistema jurídico como un elemento dinámico y continuamente progresivo de la vida social.

Ese mismo año editó un periódico, La moda, dedicado a divulgar la moda: vestimenta femenina y masculina, música, poesía, literatura y costumbres. Se publicaron en total 23 números.

En noviembre de 1838, debido a su negativa a prestar juramento al régimen federal de Juan Manuel de Rosas y a la persecución de la policía de Rosas, inició un exilio voluntario en Montevideo. Dejaba en Buenos Aires una amante y un hijo recién nacido al cual nunca reconoció, de nombre Manuel a quién nombra legatario en su testamento llamándolo “mi pariente”.

En Montevideo apoyó la intervención francesa contra el gobierno de Rosas, y escribió artículos en varios periódicos, apoyando las acciones militares de ese país contra el suyo.

En mayo de 1840 durante el sitio de Montevideo por parte de un ejército porteño al mando de Oribe, partió clandestinamente hacia Europa, acompañado de su amigo Juan María Gutiérrez; residió en París unos pocos meses, y conoció al general José de San Martín.

A fines de 1843 regresó a América y se radicó en Valparaíso, donde adquirió la finca Las Delicias y ejerció la abogacía con notable éxito, además de revalidar su doctorado en jurisprudencia. Logró un gran prestigio local y se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile. Escribió numerosos artículos costumbristas en los periódicos chilenos con el seudónimo deFigarillo.

En Chile se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos, con la idea de copiar lo que se pudiera para la nuestra, cuando llegara el caso de sancionarla. Utilizó una mala traducción, de modo que interpretó erróneamente varios pasajes. Quería estar preparado para cuando se volviera a discutir la Constitución argentina, pero la caída de Rosas lo tomaría por sorpresa.

A mediados de febrero de 1852 se enteró de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros. De inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura Constitución Argentina, las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina. Tardó apenas un par de semanas en escribirlo, y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.

Su principal preocupación era favorecer la inmigración europea, especialmente del norte de Europa. Entre sus afirmaciones polémicas, escribió:

Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses… En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?… ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?
Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea.

Menos polémicas, y de carácter más permanente, son sus críticas al estatismo de la herencia colonial hispana, principal barrera, en su opinión, al progreso de la América independiente.

La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América. Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo

En su Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina expresa claramente su pensamiento como jurista y a la vez economista:

El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata. Cada libertad es una boca mina, cada garantía es un venero. Estas son figuras de retórica para el vulgo, pero es geometría práctica para hombres como Adam Smith.Llevad con orgullo, argentinos, vuestra pobreza de un día; llevadla con esa satisfacción del minero que se para andrajoso y altivo sobre sus palacios de plata sepultados en la montaña, porque sabe que sus harapos de hoy serán reemplazados mañana por las telas de Cachemira y de Sedán. –

La Constitución es un título de propiedad que os llama al goce de una opulencia de mañana. El que no sabe ser pobre a su tiempo, no sabe ser libre, porque no sabe ser rico.

 

Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de Alberdi.

En esa época se cruzó con Sarmiento en una polémica ideológica — limitada dentro del liberalismo — plasmada en las Ciento y una del sanjuanino y las Cartas quillotanas del tucumano.

El presidente Justo José de Urquiza le ofreció el cargo de Ministro de Hacienda de su país, pero lo rechazó. En cambio, aceptó funciones diplomáticas en Europa a partir de 1855.

Sus gestiones en el exterior fueron interrumpidas a partir de la organización de la República, en 1862 al asumir la presidencia Mitre, triunfador sobre Urquiza en Pavón. Regresó a establecerse en el país en 1878 al ser elegido como diputado al Congreso Nacional por su provincia; sin embargo, al cesar en sus funciones una fuerte disputa con Bartolomé Mitre lo empujó a trasladarse a Francia, donde murió el19 de junio de 1884 en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, a la edad de 73 años.

 

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