La revista Gramophone lanza su ‘Hall of Fame’

Con este nuevo portal conmemorará los 110 años del nacimiento de la fonografía y los 90 de su primer número.

Para celebrar los primeros 110 años de los primeros registros de música clásica, la revista británica Gramophone prepara el lanzamiento de su Salón de la Fama, que reconocerá a aquellos hombres y mujeres que han contribuido de manera destacada al desarrollo de la industria de la grabación. En su primera etapa se ha decidido la inclusión de 50 directores, cantantes, intérpretes al teclado, intérpretes de metal y viento, intérpretes de cuerdas, ensembles, productores y ejecutivos que han sido elegidos por los lectores de la publicación y su web, entre más de 500 nombres. Los seleccionados se darán a conocer oficialmente en las páginas de la edición de mayo, aunque sus nombres ya han sido revelados en el portal de la revista que en abril de 2013 cumplirá 90 años de vida. Cada año Gramophone añadirá a la lista nuevos nombres de las personas que han hecho de la industria de la música clásica lo que es ahora, cuyo talento, visión creativa y genio personal han enriquecido el catálogo discográfico desde que los primeros sonidos fueron capturados en cera en la última década del siglo XIX.
En esta primera edición destaca la inclusión de los directores de orquesta Herbert von Karajan, Claudio Abbado, Wilhelm Furtwängler, Leonard Bernstein y de la soprano Maria Callas, personajes que fueron los que mayor número de votos recibieron. Cada primavera los lectores y visitantes del sitio web de Gramophone podrán votar a nuevos miembros del salón. Los melómanos podrán tener acceso a perfiles, videos, entrevistas y recomendaciones discográficas acerca de los seleccionados. El Gramophone Hall of Fame no incluirá compositores (excepto cuando hayan sido también intérpretes), ni orquestas ni coros (aunque sí a ensembles o coros de cámara). Por supuesto que todos ellos han sido vitales para la historia de la música clásica grabada, pero Gramophone quiere conmemorar a los individuos (o pequeños grupos) que cambiaron el curso de la historia de la fonografía. Gramophone colgará en su web una serie de podcasts, en los que se hablará con artistas y críticos sobre algunas de las personalidades nominadas. La primera de estas entrevistas será con Daniel Hope, que habló con el editor de la revista, James Jolly, sobre ocho de los artistas nominados.

“Tenemos tecnología pero no nos escuchamos”

El director musical del teatro La Fenice es uno de los talentos del Sistema de Abreu.

A Diego Matheuz (Barquisimeto, Venezuela, 1984) le cuesta obviar sus orígenes. El joven director de orquesta, uno de los talentos virtuosos de la batuta descubierto por el maestro José Antonio Abreu —creador de las orquestas infantiles y juveniles venezolanas—, no puede evitar hacer incontables referencias al Sistema una vez se enciende la mecha.
Matheuz empieza la conversación cauto, tímido incluso, pero se relaja hablando de música. Su elección para comer es frugal. Merluza a la plancha acompañada de un ligero puré. El responsable musical del Teatro La Fenice, en Venecia, se encuentra en San Sebastián donde debuta en España como director de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. “Es la primera vez que tengo oportunidad de ensayar en español con una orquesta que no sea venezolana”, dice al explicar las ventajas de comunicación que conlleva.
Considerado por la crítica como un músico fresco, elegante y sensible, el joven director ha depurado estilo. Italia está siendo el contrapunto a su formación musical social socialista de la mano de Claudio Abbado. “Estoy muy contento dirigiendo en Venecia pero sigo formando parte del Sistema y siento nostalgia por tocar en la Simón Bolívar”, comenta.
Matheuz, violinista, empezó con el violonchelo. Pero era demasiado grande y ocupaba mucho espacio en el carro de su padre, donde tenían que entrar sus dos hermanas, también músicos. Así que su padre le invitó a pasarse al violín a cambio de uno nuevo. Matheuz cree que es una “gran ventaja” ser instrumentista a la hora de dirigir porque te permite entender el engranaje de la orquesta. A pesar de sus 27 años, reconoce que le ha tocado bregar con los músicos a golpe de psicología muchas veces. “Hay que convencerlos porque algunos cuestionan la juventud. Lo mejor es ser tú mismo y tener seguridad en las decisiones que tomes”, explica.
Más allá de la genética, lo suyo es ambiental. Proviene de la ciudad musical de Venezuela; Barquisimeto, con dos millones de habitantes, donde todo el mundo canta o toca un instrumento.
Apenas gesticula mientras come. Ni si quiera cuando se tantean posibles fisuras en el método que Abreu creó hace 36 años en los barrios pobres de Caracas. “Es verdad que es un sistema riguroso, de disciplina, muy repetitivo pero cuando llegas a cierto nivel obtienes tu libertad y puedes ser más creativo”, defiende.
Tampoco baja la guardia al defender el método pero Matheuz afirma que es mejorable: “Habría que profundizar en otros compositores, además de los rusos”.
Consciente de que todo el mundo tiene los ojos puestos en el Sistema y que es un producto exportable, el director venezolano está inmerso en el proyecto de crear una sede en Venecia. “Estamos haciendo un estudio social para ver cómo se integraría el Sistema en un contexto tan diferente”.
Lleva viajando y tocando en orquestas desde los 9 años. “En Venezuela desde el primer día tienes derecho a tocar. Te enseñan el sentido de comunidad. La comunicación tiene que ser perfecta para que todo funcione. Quizá ese sea el problema actual; tenemos una tecnología grandiosa pero no nos escuchamos”, dice minutos antes de reconocer que tiene más de 1.000 seguidores en Twitter pero que “son pocos”.

Poderoso Shostakóvich

Ibermúsica:

Gustav Mahler Jugendorchester. Director: David Afkham. Solista: Iréne Theorin. Obras de Wagner: Escena final de ‘El ocaso de los dioses’, y Shostakóvich: ‘Séptima sinfonía’. Auditorio Nacional, 14 de abril.

Lo que cambian las cosas con el paso del tiempo. Hace unos años se celebraba por todo lo alto la presencia de algún español en la orquesta de jóvenes Gustav Mahler, creada por iniciativa de Claudio Abbado en Viena en 1986. Ahora los apellidos españoles superan el 20% del total de la plantilla. Es un tema para meditar, porque no es la única orquesta europea de renombre en la que los músicos españoles jóvenes triunfan. Los deportistas de España no están solos en cuanto a prestigio internacional en los últimos años. Es un motivo de satisfacción.
Sustituyendo a Ingo Metzmacher, David Afkham ha venido a Madrid al frente de la fogosa orquesta. La presencia del joven director alemán generaba una enorme curiosidad tras los intentos fallidos de su fichaje en España, primero por la orquesta Filarmonía de Galicia y posteriormente por la Orquesta Nacional. No se puede afirmar por lo visto en el concierto del sábado si ha sido una pérdida irreparable o no su compromiso con alguna orquesta española. Son muchas y complejas las cuestiones que concurren en la titularidad musical de una orquesta. Lo que sí queda fuera de dudas es la enorme calidad de Afkham como director: claridad en los conceptos fundamentales, precisión en los contrastes dinámicos, sumo cuidado de los aspectos tímbricos, dominio más que sobrado de la parcela rítmica y gran facilidad para conjugar con acierto los diálogos entre secciones sonoras. Su Séptima de Shostakóvich fue modélica. La orquesta respondió con entrega y un entusiasmo al límite de la desmesura, aunque sin perder en ningún momento la racionalidad. El éxito, en estas condiciones, era predecible. Así fue, y además de gran calado.
Previamente a la sinfonía de Shostakóvich hubo una lectura de la escena final de El ocaso de los dioses,de Wagner, la de la inmolación de Brunilda, con el papel de la heroína wagneriana asumido por la soprano sueca Iréne Theorin. No quedará para el recuerdo esta primera parte del concierto. De entrada, comenzar una velada musical por una página de estas características es más que discutible, pero, en cualquier caso, a Wagner hay que tratarle con más cuidado. Una versión tan bullanguera como la que se ofreció es en cierto modo contraproducente y lleva inevitablemente a la superficialidad. En realidad todo estuvo en su sitio, tanto las aportaciones de la cantante como las del director y la orquesta, pero sin “pellizco”. La redención vendría de inmediato con Shostakóvich y su emblemática sinfonía Leningrado.
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Un pianista que conmueve

 
El rumano Radu Lupu es uno de esos artistas que desprende una gran seriedad en sus interpretaciones, inspirando siempre confianza en sus conciertos o recitales. Fue el verano pasado el elegido por Claudio Abbado en Lucerna para tocar a su lado uno de los conciertos de piano de Brahms, al no llegar a un entendimiento con la anunciada Hélène Grimaud. Obviamente, no defraudó. La personalidad de Radu Lupu se vislumbra desde los pequeños detalles.
No es un pianista que centre sus actuaciones en el virtuosismo. Sus versiones desprenden sosiego y cercanía, como fruto inmediato de la sabiduría que otorga una experiencia acumulada y a la vez asimilada. En los cuatro impromptus de Schubert, con los que comenzó su recital madrileño, creó desde el primer instante una atmósfera de reunión de amigos heredera de las míticas schubertiadas. Sin renunciar al rigor llenó sus interpretaciones de sensibilidad, de una naturalidad envolvente.
Volvió a Schubert en la segunda parte con el mismo espíritu, aunque con una mayor solidez interpretativa si cabe. Entre los dos bloques dedicados a Schubert, Radu Lupu expuso una lectura compacta y sutil del Preludio, coral y fuga, de Cesar Franck, redondeando así una tarde en la que la sensación de interioridad, de profundidad, se impuso sin aparente esfuerzo. En cierto modo fue una reivindicación del estilo de otra generación en la manera de enfrentarse al piano. Sin golpes de efecto, sin exhibicionismos técnicos. La personalidad de Radu Lupu hizo que salieran a flote valores muy consistentes que a veces se pierden en el fragor del mundo del espectáculo
 

Pressler, Premio Yehudi Menuhin

Atendiendo la propuesta hecha en su día por el Comité de Preselección, que está integrado por expertos internacionales, la Junta de Patronos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía reunida el pasado 8 de marzo tomó la decisión de otorgar al pianista y pedagogo Menahem Pressler el Premio Yehudi Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación en su novena edición.
El Premio Yehudi Menuhin fue instituido por la Escuela Superior de Música Reina Sofía en 1998 en homenaje al maestro Menuhin, que fue gran amigo y frecuente profesor visitante de la Escuela, y su objetivo es reconocer la labor de los músicos excepcionales de cualquier país que, como Menuhin, además de haber logrado la excelencia artística sobre los escenarios, hayan destacado por contribuir a la formación de los jóvenes.
El Premio, dotado con 18.000 euros y una medalla del escultor Julio López Hernández, será entregado por Su Majestad la Reina durante la ceremonia de clausura del curso académico de la Escuela, que se celebrará el próximo 12 de junio en el Palacio de El Pardo bajo la Presidencia de Su Majestad.
En ediciones anteriores han recibido el Premio las siguientes personalidades: Zubin Mehta (2010), José Antonio Abreu (2008), Claudio Abbado (2006) Alicia de Larrocha (2004), Sir Colin Davis (2002), Carlo María Giulini (2001), Piero Farulli (2000), y Alfredo Kraus (1999).
El Comité de Preselección del Premio Menuhin está presidida por Antonio Bonet Correa (Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y Catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid) y forman parte de él András Batta (Rector de la Academia de Música Ferenc Liszt de Budapest), Teresa Berganza (mezzosoprano), Gustav Djupsjöbacka (Rector de la Academia Sibelius de Helsinki), Vicente Ferrer y Pérez de León (Vicepresidente de la Fundación Albéniz), Jonathan Freeman-Attwood (Principal de la Royal Academy of Music de Londres), Gary Graffman, Barry Ife (Principal de la Guildhall School of Music and Drama de Londres), Sir John Manduell, Paloma O’Shea (Directora de la Escuela Superior de Música Reina Sofía), Luis Pereira Leal (Asesor del Consejo de Administración de la Fundación Gulbenkian de Lisboa) y Arie van Lysebeth (Director Artístico de la Chapelle Musicale Reine Elisabeth de Bélgica). El Secretario del Comité es Álvaro Guibert, Director de Contenidos de la Fundación Albéniz.
Menahem Pressler
Nació en Magdeburgo (Alemania) en 1923, aunque tuvo que emigrar a Israel en 1938. Su carrera mundial comenzó tras ganar en 1946 el Primer Premio en el Concurso Internacional de Piano Debussy de San Francisco, y su debut americano con la Orquesta de Filadelfia bajo la batuta de Eugene Ormandy. Desde entonces, las largas giras de Pressler por América del Norte y Europa han incluido conciertos con las Orquestas de Nueva York, Chicago, Cleveland, Pittsburgh, Dallas, San Francisco, Londres, París, Bruselas, Oslo, Helsinki y muchas otras.
Es miembro fundador y pianista del Trío Beaux Arts, creado en 1955, con el que debutó como músico de cámara en el Festival de Música de Berkshire. Ha actuado también con los Cuartetos Juilliard, Emerson, Guarneri, Cleveland, Cuarteto Israel y el Trío de Cuerdas Paquier. Además de las cincuenta grabaciones con el Trío Beaux Arts, ha recopilado más de treinta grabaciones como solista, que van desde Bach hasta Ben Haim.
En 2005 recibió la Cruz del Mérito de manos del Presidente de Alemania, el mayor honor que otorga ese país, y el Premio de Caballero de la Orden de las Artes y la Letras del gobierno francés. En 1998, obtuvo un Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Nebraska y en la de las Artes de Carolina del Norte. Ha sido nominado en cinco ocasiones a los Grammy y ha recibido la Medalla de Oro al Mérito de la Sociedad Nacional de las Artes y las Letras.
En la actualidad, ejerce la enseñanza como Profesor Distinguido en la Escuela de Música de la Universidad de Indiana en Bloomington, su lugar de residencia, y como Asesor del Departamento de Grupos con Piano del Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid. El Instituto es un centro de posgrado en música de cámara y su dirección académica es ejercida por la Escuela Superior de Música Reina Sofía.